sábado, 18 de agosto de 2012

"El Estado atacando al pueblo no es un guerra, nunca, en ninguna parte del mundo”.


Por José Previgliano
La nueva generación de jóvenes está cada vez más lejos de aquel macabro pedazo de la historia argentina que hizo desaparecer alrededor de treinta mil personas. Pero, aunque parezca una contradicción, cada vez se acercan más. Afortunadamente, casi treinta años después del retorno de la democracia, se siguen abriendo numerosos espacios para la memoria y la reflexión sobre la dictadura militar más violenta que padeció Argentina. Y son los jóvenes los que más participan y se animan a escarbar la tierra para develar la verdad y la justicia que los militares quisieron sepultar.  
Manuel Gonçalves Granada, hijo de desaparecidos, se presentó el lunes 18 de junio en el estudio de TV de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA para dialogar con estudiantes de la carrera de Ciencias de la Comunicación. Manuel llegó a las 19:20 y se sentó en una mesa repleta de grabadores que estaban listos para registrar una conferencia de prensa, que se pareció más a una charla café, por el humor y la soltura del invitado. 
A partir de las inquietudes de estos jóvenes que nacieron en democracia y que vivieron su infancia durante la nefasta década menemista, Manuel habló sobre su vida personal y los juicios en los que es activista, pero también reflexionó sobre lo que significa para él la dictadura. “Me parece que cuando existe un plan pergeñado por el Estado para secuestrar, torturar, desaparecer a las personas, tirarlas desde los aviones, tener fosas comunes, robarle la identidad a casi quinientos chicos, eso no puede ser llamado de otra manera que no sea un genocidio”, dijo.  
Los padres de Manuel, Ana María Granada y Gastón Gonçalves, fueron asesinados en 1976. Como saldo de esta represión, Manuel fue dado en adopción, le cambiaron su nombre y durante varios años ignoró su verdadera historia. Recién en 1997 pudo recuperar su identidad gracias al trabajo de Abuelas de Plaza de Mayo y a partir de ahí se involucró completamente en la causa. Pero en aquel entonces no se hablaba sobre el genocidio militar como ahora. “No había telenovelas, ni teatro, ni nada que hable sobre la dictadura. Incluso la educación no hablaba de eso. A mí en el colegio nunca me hablaron de la dictadura”, señaló Manuel.
Por tal motivo, el hijo de desaparecidos se mostró muy contento y esperanzado con la época actual por la manera en que se revisa el pasado. Manuel tiene una hija de 11 años y según él, su generación “es la que tiene la oportunidad de saber la verdad desde siempre, cosa que nos negaron a todos”.
Cuando le preguntaron a Manuel su opinión con respecto a las mentiras que los militares inventaron para justificar su plan macabro, el invitado respondió: “Claramente acá no hubo una guerra. Sólo hay que ver las consecuencias de un lado y del otro y te das cuenta que no hubo una guerra. En la casa donde estábamos nosotros éramos seis personas, de las cuales tres eran niños, la más grande tenía cinco años y había dos mujeres y un hombre, y vinieron cuarenta tipos con granadas, ametralladoras y gases lacrimógenos para matarnos. El Estado atacando al pueblo no es un guerra, nunca, en ninguna parte del mundo”. 
Hace poco tiempo Manuel asumió el puesto de revisor de cuentas de Abuelas de Plaza de Mayo, convirtiéndose en el primer nieto que integra la comisión directiva de la institución que le devolvió la identidad. De esta manera, al igual que la sociedad, Abuelas también se actualiza con las nuevas generaciones para continuar y profundizar el camino hacia la “Memoria, Verdad y Justicia” que iniciaron poco tiempo después del golpe de Estado de 1976.

miércoles, 15 de agosto de 2012

Manuel Gonçalves: "Los juicios generan el fortalecimiento de la democracia"


Por Gabriel Feldman
Si de adivinar se tratara no me hubiera imaginado que Manuel es hijo de desaparecidos. Esa simpleza y paz que lleva va en contraste con su historia marcada por el terror. No sé que me esperaba encontrar. No sé que se esperaría cualquiera al que le digan que va a tener enfrente a un nieto recuperado. ¿Nerviosismo? ¿Miedo? ¿Congoja? ¿Dolor? ¿Ansias de revancha? ¿Imposibilidad para describir el horror? ¿Una piel más fina? ¿Ojos más abiertos? ¿Alguna marca que atestigüe su sufrimiento…?
Manuel Gonçalves es hijo de desaparecidos y un activista en los juicios de lesa humanidad. Hasta el año 97, cuando recibió los resultados del adn, no era Manuel sino Claudio, Claudio Novoa. Se crio sabiendo que era adoptado aunque nunca imaginó su verdadero origen. Pero en 1995, gracias al trabajo conjunto del  Equipo Argentino de Antropología Forense y  de las Abuelas de Plaza de Mayo, descubrió que su abuela lo buscaba; que tenía un hermano (y dos sobrinos); que es hijo de Ana María Granada y Gastón Gonçalves, dos militantes de la juventud peronista, victimas del terrorismo de Estado; y que fue el único sobreviviente de un ‘operativo’(40 militares y policías federales y bonaerenses que rodearon una casa, lanzaron granadas de mano y dispararon treinta cartuchos de gases lacrimógenos y miles de balas de ametralladora) que acabó con la vida de su madre y de la familia Amestoy, en la calle Juan B. Justo, en San Nicolás.
Tan espectacular es su historia, que unos directores italianos le ofrecieron hacer una película sobre ella. Y ante las posibilidades de espectacularización que ofrece el cine,  en este caso, no parece haber margen para agregar nada. La historia en sí ya es espectacular, sólo hace falta contarla bien. Después de todo, la verdad siempre supera a la ficción.
Manuel se ríe cuando cuenta que intentó no idealizar a sus padres y finalmente no pudo. Que los relatos que le llegaban de amigos y de familiares le daban por pensar que no podía ser hijo de esas personas increíbles, casi inmaculadas. Que a veces la figura de sus padres, o la imagen que se armó de ellos, es un juicio de valor permanente sobre sus actos. Y que algunas veces eso le pesa. Pero es consiente también que, en la búsqueda por querer (re)construir su historia y conocer cómo eran sus padres biológicos, encontró las pruebas necesarias que le permitieron pasar de su “búsqueda personal” a  los juicios en pos de la verdad y la justicia. “Cuando caen las leyes de Obediencia Debida y Punto Final porque se las declara inconstitucionales, me presenté en la justicia con muchos de los relatos que yo tenía. Después, obviamente, hubo que hacer un trabajo más intenso sobre la prueba documental”.
El año pasado, él y su hermano Gastón fueron querellantes  en el juicio que condenó a Luis Abelardo Patti a cadena perpetua. Gracias a las pruebas que presentaron se pudo comprobar que el ex comisario participó de la represión durante la dictadura y había asesinado, entre muchos otros, al padre de ellos.  A su vez, tiene otras dos causas abiertas. Por un lado, el juicio que comienza el 3 de julio que pretende esclarecer el asesinato de su madre y otra causa contra el juez Juan Carlos Marchetti, máximo responsable de su adopción ilícita.
Igualmente su compromiso está más allá de una causa personal. A 36 años de los hechos, no hay revancha posible (ni la desea), él bien sabe que los juicios no le van a devolver a sus padres, ni los 19 años que le robaron la identidad. “Eso no se recupera por más que los juicios terminen con las condenas más altas”, sostiene.
Es difícil pensar que algún día pueda cicatrizar esa enorme herida, que también es la herida de la sociedad argentina misma. Una sociedad que todavía se encuentra en deuda con su pasado. “Para  mí lo que generan los juicios es un fortalecimiento de la democracia: de las instituciones, de la justicia, de nosotros como sociedad. Mirar hacia atrás y decir, ‘esto no puede quedar así, no es que no nos pasó nada’. Creo que es un aporte hacia el futuro, y no me parece mal, para construir ese futuro, mirar hacia atrás”, subraya Manuel, que recientemente fue incorporado a la comisión directiva de las Abuelas de Plaza de Mayo, siendo el primer nieto recuperado en ocupar un cargo en la fundación.
La cuestión generacional es insoslayable, muchas abuelas están muy grandes y el recambio es necesario. Quedará en los nietos y las generaciones venideras la misión de continuar con la lucha que iniciaron las Abuelas porque como bien sostiene: “La mejor manera de construir un futuro es teniendo en claro el pasado”.

Manuel Gonçalves: Testimonio de una lucha constante por la memoria y la verdad


Por Cecilia Cartoceti
“Estas historias son increíbles. Si me pongo a pensar en la mía, digo ‘¡no lo puedo creer!’”, comenta divertido Manuel Gonçalves Granada. Siendo un bebé, fue el único sobreviviente de la Masacre de la calle Juan B. Justo en San Nicolás. De hijo único, pasó a ser hermano de historia de otros 500 hombres y mujeres a los que, como a él, les robaron la identidad. Su retórica relajada no esconde la seriedad de sus palabras: es el testimonio de una lucha constante por la memoria y la verdad.
Manuel ingresa al estudio de televisión de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA el lunes 18 de junio. Tiene mucho por contar ante un auditorio de estudiantes expectantes y nerviosos. Manuel es hijo de Ana María Granada y Gastón Gonçalves, militantes montoneros desaparecidos durante la última dictadura militar. Es el nuevo revisor de Cuentas de Abuelas de Plaza de Mayo.
Manuel es, además, el impulsor de tres juicios por delitos de lesa humanidad. Fue querellante en la causa contra Luis Abelardo Patti en 2011 y este año cumplirá el mismo rol en las causas contra los autores de la Masacre de Juan B. Justo (en donde murieron su madre y la familia Amestoy) y contra el juez Juan Carlos Marchetti, quien gestionara su adopción.
“No es fácil hacer un paralelo entre un juicio y otro. Esperaría que terminen igual que el juicio contra Patti, porque logramos cinco condenas y estamos conformes con ello”, explica a los alumnos presentes. Y agrega, “las pruebas las tenía de antes. Lo que pasa es que con las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, no las podía llevar a la justicia. Al principio, eran parte de lo que yo hice para reconstruir mi identidad”.
Para Manuel, sin embargo, las causas judiciales que inició exceden los motivos personales. “La mejor manera de construir un futuro es teniendo en claro el pasado. A mí los juicios no me van a devolver a mi mamá ni a mi papá, ni los 19 años que perdí con mi familia ni la identidad. Pero creo que es un aporte a futuro. Los juicios generan un fortalecimiento de la democracia, de las instituciones y de nosotros como sociedad”.
Su optimismo y desenfado contrastan con la seriedad de sus intensiones y palabras. Cuando es interpelado en su condición de nuevo integrante de la comisión directiva de Abuelas de Plaza de Mayo, explica con toda franqueza, “no sé porqué me eligieron”. Arranca más risas y continúa, “las abuelas están muy grandes y nos necesitan. ‘Abuelas’ no va a ser igual sin ellas, pero la lucha va a seguir siendo la misma. Somos muchos los que colaboramos. Claramente Argentina está haciendo una revisión de su historia”.
Manuel cuenta que una vez fue Claudio Novoa, pero que no sabe qué quedó de ese chico en él. Cuando un estudiante le pregunta por su pasado como Claudio, Manuel le responde con un escueto “no sé”. Las risas son inmediatas y subyace un entendimiento palpable. “No sé bien qué hacer con mi vida como Claudio. Recuperar la identidad provoca muchos cambios en la persona”, continúa Manuel.
La conferencia se extiende por una hora y media. Los temas abordados son variados. Manuel habla de los obstáculos que el poder político impone para juzgar a figuras públicas como Patti. También habla de su familia adoptiva y de su familia biológica. Cuenta anécdotas de su hija Martina y del proceso que lo llevó a reconstruir su identidad. Incluso hay espacio para discutir el caso de Marcela y Felipe Herrera de Noble.
La lista es extensa y las palabras, muchas. Sin embargo, el hilo conductor de la conferencia se resume en un único y problemático concepto: la verdad. “Nadie puede decir que quiere vivir en una mentira. Uno no se da cuenta de su importancia hasta que le roban la identidad. Hablar es ir en contra del silencio que nos impusieron”. Manuel lo decía al inicio de su testimonio: es una historia increíble. Y hay que contarla.

Manuel Gonçalves: "Somos muchos los nietos que trabajamos en Abuelas"

Por Carla Constantino
Manuel atraviesa la puerta y se hace silencio. Manuel es Gonçalves Granada, hijo de desaparecidos durante la última dictadura militar y nieto recuperado en 1995 por Abuelas de Plaza de Mayo. Los casi sesenta alumnos que están en el estudio de televisión de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, algunos en sillas, otros en el suelo, lo observan por un momento pero enseguida continúan charlando entre ellos. Son las 19.20 horas. Manuel se sienta detrás del escritorio. Cámaras, micrófonos y varios dispositivos de grabación sobre la mesa están preparados: es tiempo de empezar la charla. Hay que romper el hielo y hacer la primera pregunta. Un joven sentado en el fondo se anima: “¿Qué expectativas tenés para el juicio del 3 de julio en Rosario?”. Es el juicio por la masacre de Juan B. Justo, en la que mataron a su madre y Manuel fue el único sobreviviente. “Todos los juicios son distintos pero, al igual que el anterior, espero que los imputados sean condenados”, responde, como era presumible.
     El “juicio anterior” al que se refiere es el que culminó en abril de 2011 con la histórica condena a cadena perpetua del Ex Subcomisario Luis Abelardo Patti, por el asesinato, entre otros casos, del padre de Manuel y Gastón, su hermano, bajista de los Pericos. Las pruebas que le permitieron procesarlo, las fue recolectando durante mucho tiempo para reconstruir la vida de sus padres pero, recién pudo presentarlas ante la justicia cuando se declararon inconstitucionales las leyes de Punto Final y Obediencia Debida: “Tenía la necesidad de conocer mi historia. Fui buscando relatos de amigos y vecinos de mis papás, quería saber cómo eran, qué hacían, dónde militaban”, recuerda Manuel. ¿Fue un obstáculo para recolectar pruebas que Patti fuera una figura pública?, le pregunta una alumna. Sí, responde sin dudar. Y agrega: “Es complejo juntar pruebas sobre algo que pasó con la dictadura, la mayoría de los documentos fueron destruidos o no se sabe dónde están. Y que Patti tuviera alianzas políticas con el duhaldismo complicó las cosas.”
     Manuel es hoy Manuel Gonçalves Granada, pero ayer fue Claudio Novoa. Hijo de militantes peronistas secuestrados y asesinados en 1976, era bebé cuando le quitaron su identidad y lo dieron en adopción a una nueva familia. Lo llamaron Claudio Novoa y fue recién a los 19 años que se enteró de su verdadera identidad. “¿Qué quedó de Claudio Novoa?”, le pregunta un alumno. Todos callan y Manuel se muestra un poco sorprendido. “No sé bien cómo responder a esa pregunta”, expresa con sinceridad. “Hoy me siento plenamente Manuel y, aunque viví más años como Claudio, no sé qué quedó en mí de eso. Es un cambio difícil de describir. Hoy tengo una vida distinta a la de antes, veo las cosas diferentes”, agrega, luego de tomarse algunos segundos para reflexionar. “¿Y cómo fue encontrarte con tu hermano Gastón?”, pregunta otra chica. “Fue lo más lindo de esta historia. Los dos nos habíamos criado como hijos únicos. Y de repente me encontré con un hermano y con tres sobrinos”, cuenta con una sonrisa.
     Desde hace años colabora con la organización de las Abuelas de Plaza de Mayo en la búsqueda de nietos y nietas que todavía no recuperaron su verdadera identidad, y hace unas semana fue nombrado Revisor de Cuentas, convirtiéndose en el primer nieto que integra la comisión directiva de esa institución.  “Me tocó a mí pero podría haber sido otro”, confiesa con humildad. “Somos muchos los nietos que trabajamos en Abuelas. El recambio es importante pero las abuelas son irremplazables. Sin ellas será distinto pero la lucha va a ser la misma”, asegura.

    
Son las 20.55 y la charla está llegando a su fin. Todos empiezan a guardar sus cosas y a ponerse los abrigos. Pero todavía queda tiempo para una pregunta más: “¿Qué sentís al dar este tipo de charlas?”, lo interpela un joven sentado sobre el piso con sus piernas cruzadas. “Es lindo y es raro. A mí en el colegio nunca me hablaron de estas cosas y está bueno contar lo que pasó. Para que no vuelva a suceder hay que sacar las cosas a la luz. Y la mejor manera de construir un futuro es conocer el pasado”, cierra Manuel y todos aplauden.

miércoles, 1 de agosto de 2012

Comienzo de clases y objetivo de la lectura

Hola a todos/as:
El Jefe de Cátedra nos comunicó que el comienzo de clases es el lunes 13 de agosto, lo aclaro porque creo que yo había dicho que comenzábamos una semana antes.

En cuanto a la lectura indicada para las vacaciones: 
La idea es que se vayan adentrando en el periodismo de investigación y que incorporen técnicas narrativas para construir historias y personajes ya que, como saben, el periodismo también es contar historias. Además, en este cuatrimestre abordaremos “Nuevo periodismo” y algunos de estos escritores son los padres y seguidores de ese género.
El obejtivo sería que pudan identificar las características del género, cuáles son los recursos estilísticos y de investigación que lo identifican.
Apelo a su honestidad para que los que ya hayan leído algunos de estos trabajos elijan un nuevo texto. Reitero la lista:
1- A sangre Fría, Truman Capote.
2-Operación Masacre, Rodolfo Walsh.
3-La pasión según Trelew, Tomás Eloy Martínez.

Movilización del sector agropecuario en Arrecifes

Por  José María Previgliano


El sector agropecuario volvió a movilizarse frente a la reforma impositiva que aprobó el gobierno de la provincia de Buenos Aire hace una semana. Entidades rurales junto a productores autoconvocados de la ciudad de Arrecifes levantaron un campamento al costado de la ruta 8 para expresar su desacuerdo con la medida.
Una decena de camionetas estacionadas, dos carpas blancas y un enorme cartel con la insignia “El campo no se arrodilla, da pelea”, formaba parte del paisaje que recibía a todas las personas que llegaban a la ciudad de Arrecifes por el acceso este, viniendo desde Capital Federal. El sector rural arrecifeño instaló un campamento en el triángulo que se forma por la conexión de la ruta provincial 191 con la ruta nacional 8, para nuclear su protesta en contra de la política impositiva impulsada por el gobernador Daniel Scioli.
“Esto es un impuestazo” señaló Martín Giralt, productor autoconvocado, mientras hacía señas a los vehículos que circulaban por la ruta para que disminuyeran su velocidad cuando se acercaban al lugar. “Ya nos aumentaron el impuesto al sello, nos aumentaron ingresos brutos y ahora esto. No nos dan los números”, agregó Martín. El productor se refería a la ley de reforma impositiva que a partir del año que viene va a aumentar el impuesto inmobiliario rural. La misma fue sancionada la semana pasada por la legislatura bonaerense tras el revalúo de tierras que el gobernador Scioli impulsó por decreto.
Agrupados alrededor de una fogata improvisada que no sólo les servía para soportar el frío sino también para calentar el agua del mate, los productores se mostraron muy preocupados. “Empezamos esta protesta por el aumento abusivo de los impuestos en la provincia de Buenos Aires” dijo Patricio Molle, miembro de la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (CARBAP). “La valuación fiscal de los campos se fue de un 1.000 a un 1.500 porciento. O sea, un campo que acá estaba valuado en 5.000 pesos, hoy está valuado en 54.000”, agregó el agremiado. El aumento de la valuación fiscal repercutirá directamente sobre la cantidad de dinero que se paga por el impuesto inmobiliario. “Es cierto que estaba atrasado, pero lo que también es cierto es que es una enormidad de golpe, toda junta”, concluyó Molle.    
Con el antecedente del extenso paro que en el 2008 logró que se derogara la Resolución 125/08, popularmente conocida como la Ley de las Retenciones, el sector rural arrecifeño se siente preparado para afrontar una protesta más grande. Hace una semana empezó el cese de comercialización de granos y ganado a nivel provincial y al poco tiempo la Mesa de Enlace decretó un paro agropecuario nacional. Por eso, además de manifestar su desacuerdo a través de carteles, los ruralistas que se encontraban en el campamento se turnaban para detener a los camiones que transportaban productos agropecuarios. Su objetivo era controlar la carga que llevaban, y a los que se dirigían hacia el puerto les sugerían que volvieran.
“Lo nuestro es un llamado de atención por todos los problemas que hemos estado teniendo con el campo y lo que estamos pidiendo es que se arme una política agropecuaria y que se llame al diálogo”, dijo un productor autoconvocado que prefirió reservar su identidad. Además, señaló: “en realidad lo que se está pidiendo es producir más. Que es un círculo virtuoso: producir más para generar más recursos, para repartir más recursos. Porque no se puede seguir exprimiendo así al sector”.
Uno de los ruralistas que lideraba la manifestación era el Ingeniero Roberto Donnola, actual concejal municipal por el Bloque Unión PRO. Según su testimonio, el miércoles próximo va a presentar en la sesión del Concejo Deliberante de Arrecifes un rechazo al impuesto, basándose en un estudio que hizo el Consorcio Regional de Experimentación Agrícola (CREA). Donnola argumentó que este incremento repentino de los impuestos va a hacer que los productores chicos tengan que “salir del sistema, dedicarse a otra cosa, o bajar el nivel de tecnología, o sea, invertir menos”. “Hoy en día, la carga impositiva de la producción está siendo para el propietario. Si se toma el valor bruto, representan un 80 por ciento del total. Para llevarlos a días de trabajo, son 300 días de trabajo de un año, que se van en impuestos”, señaló Donnola.
Por su parte, Daniel Bolinaga, Intendente de la ciudad de Arrecifes, participó el lunes último en una reunión con el gobernador Scioli donde se analizaron los alcances de la ley de reforma tributaria. Bolinaga señaló en declaraciones para un medio local, que el gobernador bonaerense les recordó que dos tercios de los campos no van a tener aumento. Del mismo modo, el Intendente resaltó la buena disposición de Scioli para dialogar con los ruralistas afectados: “Se van a habilitar canales de comunicación para contemplar casos particulares”, concluyó Bolinaga. 

viernes, 29 de junio de 2012

Masa crítica, el otro tráfico


Por Teresa Valentín
Se reúnen el primer domingo de cada mes en el Obelisco. La expectativa entre los distintos participantes se acrecienta a medida que el reloj marca las 16 y las bicicletas se amontonan en el corazón de la ciudad. Para los transeúntes habituales el panorama es inquietante –aunque cada vez es más cotidiano- ver a tanta gente concentrada para emprender un viaje en dos ruedas. Este fenómeno se denomina Masa Crítica.

Pero, ¿exactamente qué es Masa Crítica? “Masa Crítica no es una organización. Es una coincidencia no organizada, es un movimiento de bicicletas en las calles, un paseo mensual para celebrar el ciclismo y para afirmar los derechos del ciclista en las calles. Es gratis. No es una carrera”, según la página oficial del movimiento.

En Argentina es una innovación que data desde enero de 2011; no obstante, el proyecto nació en los noventa, en San Francisco y, rápidamente, se difundió en otras ciudades del mundo. Actualmente, la provincia de Buenos Aires alberga varias Masa Crítica: en zona sur, en zona oeste, en zona norte, en Mar del Plata; siendo la de Capital Federal la más concurrida.

“Hacer la masa fue, desde el comienzo, un sueño que nos llevó un mes de reuniones. Teníamos miedo de no lograr una convocatoria amplia, no sabíamos muy bien qué recorridos elegir. La primera vez, ver todas las bicis juntas, fue una emoción porque veíamos hecho realidad nuestra idea”, comentó Daniela Gussoni, una de las realizadores de la Masa Crítica en zona sur.
La experiencia es compartida no sólo por bicicleteros, sino que intervienen personas en longboard, skate o rollers. Todos unidos recorren las calles por varias horas. Se percibe un espíritu de placer, que se acompaña de gritos de alegría, cuando todos al unísono empiezan a pedalear.

Es un espectáculo de más de tres cuadras de viajantes que, con bicis y boards de distintos colores y tamaños, transforma radicalmente el paisaje de “la ciudad de la furia”. Los autos y los colectivos, por única vez, se detienen ante los vehículos pequeños que normalmente, todos los días, llegan a propasar. Es claro que los primeros sienten un gran enojo, que se manifiesta a través de bosinazos, en torno a los excursionistas.

En un manifiesto que circula entre las distintas Masa Crítica del mundo establece, incluso, que “no da” creerse superior moralmente por andar en bici y que ayudar a los autos a salir de la muchedumbre es primordial. En palabras de otro de los tantos organizadores, Gonzalo Gamiz, “nosotros también tenemos que respetar las reglas, a pesar de que la relación con los automóviles cambie”.

En el camino los distintos participantes interactúan entre sí, no sólo para guiarse, sino que también es una forma de conocer nueva gente y conocer rincones desconocidos de la urbe. Es una comunidad móvil sin ruta fija, la dirección puede cambiar espontáneamente de acuerdo al gusto de la gente que está pedaleando.

Cada uno tiene sus propios motivos para unirse al evento. Algunos lo ven como una forma de manifestarse a favor del medio ambiente, otros lo consideran un paseo o una forma distinta de pasar la tarde del domingo, así como nunca faltan aquellos que lo consideran una forma de hacer ejercicio.

“Andar en bici es bárbaro porque hace bien para la salud. Pero, cuando lo haces con otras personas es mejor porque te contagias de su energía”, observó Mauro León, participante recurrente de esta aventura.

“Desde enero que tengo la bicicleta. Durante todo el verano salía por las calles de mi barrio a andar sola escuchando música. Un día una amiga me comentó acerca de la Masa y decidimos participar. Esta es la cuarta vez que participo y ya me hice varios amigos”, contó entusiasmada Agustina Marando.

La convocatoria no se hace a través de ningún medio oficial. El boca en boca y las redes sociales son las únicas formas de acceder a este fenómeno que, de a poco, se instala en el cotidiano de miles de personas.

Con sus recorridos la Masa Crítica demuestra que no todos los viajes son lo mismo. Bajo la consigna “no bloqueamos el tráfico, somos tráfico”, la idea de la Masa es que los distintos automóviles se acostumbren a la velocidad de los participantes. Es un festival sobre ruedas.